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Historias Debidas

Jorge Zingoni, un héroe de 162 centímetros

Damian Andreoli

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No es necesario usar antifaz, lucir una elegante capa o andar tirando rayos poderosos desde el puño de la mano derecha.

No es indispensable tener un “Batimóvil”, un obediente caballo llamado “Tornado” o pastillas de “chiquitolina” en el bolsillo del pantalón.

Para ser un héroe solo hay que tener la valentía suficiente para dar un paso al frente cuando el objetivo supera lo personal y se convierte en lo de todos. Quién se crea capaz de hacerlo que dé un paso al frente.

Jorge tenía apenas 18 años cuando dio el paso al frente, medía 1,62 metros y pesaba no más que 65kg y siempre supo cuál era el riesgo, pero no lo dudó ni medio segundo.

Fue un domingo de pascuas, pero 36 años atrás, cuando Jorge Zingoni dio el paso al frente de la fila de conscriptos para dejar de ser un ciudadano más y convertirse en un héroe nacional.

Tuvo solo el tiempo necesario para escribirle a sus padres que partía hacia las islas, después del punto final de la carta, emprendió el viaje junto a sus compañeros.

Por delante lo esperaban 74 duros días de conflicto y todas las noches de su vida en constante bombardeo.

El pozo de zorro fue testigo de noches iluminadas por las ráfagas de fuego enemigo, de cartas trasmitiendo una falsa tranquilidad a la familia que esperaba en Arroyo Seco, de sueños que se iban a cumplir tiempo después.

Jorge recuerda parecerle mentira vivir aquello: “45 días de constante bombardeo” repite más de una vez, para dejarme en claro lo que vivió. Cuarenta y cinco días totalmente mojado. Encoje sus hombros, me mira a los ojos y me dice: “era una guerra, que queres que te diga”.

El soldado Jorge Zingoni, con 18 años, tras la rendición, no quería volver a su casa, no quería regresar a su pueblo, le daba vergüenza. Podes creerlo ??? Hay que ser cojudo carajo, hay que ser valiente y decidido, hay que tener coraje para ir a la guerra en la adversidad total, tras la directiva de un borracho, a un terreno desconocido, lejano y frío. Hay que ser un león, un gigante, un distinto para soportar bombardeos a 15 metros de distancia, de día y de noche, comer cada tanto y no acordarse si measte o no.

¿Que hicimos mal para que mi amigo Jorge sienta vergüenza?

Te acordas la plaza de Mayo ante el discurso de Galtieri ? Llena la plazita “…si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla…” y todos nosotros agitando las banderitas al grito mundialista de ARGENTINA… ARGENTINA…”

Nosotros tenemos vergüenza querido Jorge, te pedimos disculpas. Las distancias de los años terminaron colocándote en el lugar que tenías que estar desde el primer día. En el de los hombres buenos, de bien, de familia, del lado de los honestos, respetuosos. Del lado de los héroes.

Jorge construyó una hermosa familia junto a su inseparable compañera. Tuvieron una cría de nena y varón que valoran a su padre todos los días de año. Jorge se levanta temprano y sigue laburando por los demás. Todos los días.

Jorge Zingoni nació para derrumbar el mito de los superhéroes con súper poderes. Jorge es un héroe solo con dar un paso al frente, un gigante de 162 centímetros.

Por más argentinos como Jorge

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Lalo Díaz, de Villa Cartón a Malvinas…

Damian Andreoli

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Para mí: el gordo Lalo. Para el ejército: Cabo Eduardo R. Diaz. Para la historia: Héroe de Malvinas.

El gordo tiene cara de pocos amigos, pero su cara miente, apenas larga una sonrisa se ocupan todas las sillas alrededor de su mesa.
Yo lo conocía de nombre y de vista, muy identificado con su barrio “Villa Cartón” lo que lo obliga a ser socio, hincha y colaborador del club Unión de nuestra ciudad.

En mi adolescencia recuerdo que cuando lo cruzábamos a Lalo por la calle se comentaban en voz baja cosas como: “este estuvo en Malvinas” ò “dicen que fue a la guerra”. Yo no me quedé con el “dicen” y lo fui a buscar.

Y ahí nomás me abrió las puertas de su casa y conocí su historia y su mundo. También a su madre, doña Elvira, que me ha contado de sus angustias cuando no sabía nada del gordo y estábamos en plena guerra, hasta me susurró que soñaba que le entregaban un ataúd con una bandera argentina.

Doña Elvira, cariñosa y buena como pocas, se fue hace poco tiempo, tranquila, sabiendo que todo el pueblo sabe que su hijo es un héroe.

Lalo Junto a su Madre 
Doña Elvira

El 28 de marzo de 1982 a las 10.57hs, el Cabo Eduardo R. Dìaz zarpaba hacia las islas en el ARA Santísima Trinidad. Un año antes y por ensañamiento del destino, buque y soldado pasaron un año precisamente en Inglaterra haciendo pruebas de lanzamientos de misiles. Mirà que novela la de mi amigo Lalo, un año en Inglaterra y a la vuelta enfrentar a soldados ingleses con los que seguramente había tenido relación.

Todo lo que viene después ya lo sabemos todos. Y así pasó su guerra y pasaron los años. Hoy al Lalo lo vemos poniéndole luz a las calles de nuestra ciudad, labura en la parte de alumbrado público, digamos que es el tipo que nos ilumina el camino. También lo vas a ver en la cancha de Unión con la vestimenta adecuada y nunca en la tribuna, siempre laburando y a cambio de nada.

Con el gordo hace ya diez años que construimos una hermosa amistad, para mí un orgullo. Me quedo con lo que me contó Elvira una vez. “…el día que Lalo regresó a casa yo estaba tendiendo ropa, largué todo y nos dimos un abrazo inmenso, me pareció eterno, una mezcla rara de angustia y alegría”.

Lalo me confesó que cuando fue hacia Malvinas sintió que era un grande y que cuando volvió sintió que lo escondieron. Lalo querido, quien trató de esconderte lo hizo muy mal, te encontré fácil … “pica Lalo entre la fila de héroes de mi país”

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Oscar Romanini, un pediatra de alta mar

Damian Andreoli

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Sospecho haberlo conocido allá por el año 1988. Yo no pasaba de los 9 años de edad cuando por primera vez lo vi. Fue en los consultorios del Doctor Armando, por calle Lisandro de la Torre a la altura del 500. Desde aquel entonces se convirtió, como con tantos otros niños de la década del 80, en el médico pediatra XXL. Y qué es esto de XXL? Fácil, en mi caso puntual y hasta el día de hoy, cuando llevo alguno de mis hijos para que los revise, al pasar, le hago una consulta médica sobre mis dolores o molestias.

No recuerdo que alguna vez, el doctor Oscar nos haya aceptado el pago de esas consultas, gesto que sigue haciendo con mis hijos treinta y pico años después.

Pero quién en este pueblo no conoce y sabe de Romanini pediatra?
La cuestión que me lo arrima para una fecha especial del calendario, fines de marzo, principio de abril precisamente, nada tiene que ver con estetoscopios, anginas, termómetros, ni menos con esos jarabes con sabor horrible que nos sabía recetar.

Esta vez voy a contarles de Oscar Romanini “Cara B”.
Muchos todavía no lo saben porque es él quien se ha encargado hasta hace un par de años atrás a no hablar mucho sobre su valiente y rica historia.
El doctor Oscar en el año 82 fue el médico del destructor Santísima Trinidad, haciéndose cargo de la sanidad del buque que una noche de abril desembarcaría en Puerto Argentino (denominación que usamos los que estamos convencidos que las islas son nuestras), Puerto Stanley (según la denominación británica).

Sentado en el escritorio de su consultorio, Oscar, con las palabras justas y la tranquilidad de siempre me dijo: “Viste como se ve a veces en las películas, uno vivió esta experiencia de ver desembarcar a este grupo de valientes en las Islas Malvinas”, comentó orgulloso.

Yo muchas veces me confundo, debe ser porque hace más de 30 años que charlo con él, no sé si será por el cariño que le tengo como médico de mis dos hijos y mío o por la amistad respetuosa que construimos, ó quizás por los consejos que me ha dado en mi adolescencia sobre temas que uno ni a los padres les confía. Pero creo que Oscar es el único sobre el pavimento de este pueblo que merece una avenida con su nombre, pero en vida.

Oscar, con la mirada clavada en el “baja lengua” con el que jugaba en su mano izquierda siguió contándome: “Por ahí existen cosas que uno no sé si las tiene olvidadas o las bloquea la memoria porque te conmueven. A lo mejor la historia es muy corta todavía para ser evaluada, no vamos a vivir para saber el final probablemente. Creo que fue una desgracia argentina”
El doctor Oscar quedará en la historia de esta nación como un héroe por su participación en la guerra del sur, pero también Arroyo Seco entero, de norte a sur y de este a oeste, respeta y admira a Oscar por su profesión, lo que lo convierte doblemente en héroe.

Siempre me pregunté el por qué tanta gente en los pasillos de los lugares donde atiende Oscar.

Siempre… hasta que ingresé por primera vez con uno de mis hijos a su consultorio. Ese día entendí todo.

Oscar Romanini, nuestro pediatra de alta mar.

Este mes se celebra el Día del Pediatra, es por eso que le regalamos este texto y en su nombre saludamos a todos sus colegas…

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El “Forastero” Martinelli, el artista de los autos antiguos

Damian Andreoli

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Los pies de Elzo Rául Martinelli llegaron desde Albarellos levantando polvareda, el sol que se iba escondiendo dibujaba la sombra de su madre y sus hermanos sobre el camino reseco que juntos decidieron andar.

La cortada 25 de Mayo le dio la bienvenida a aquel hombrecito de once años que deshojaba las horas empuñando racimos de historias a punto de florecer.

Espiando con timidez un picadito de baldío, el azar cantó impar y faltando uno para emparejar los equipos, alguien le gritó: “Che, vos forastero, entrá para nosotros, dale”. Desde esa tarde, Elzo Martinelli vivió el resto de su vida empilchado de Forastero…

Era muy joven cuando aprendió el oficio de chapista en el taller del Gallego García y de Cataldo Colangelo. Oficio que lo unió a los autos de carrera, su gran pasión. Corrió en varias categorías, TC del 27 piloteando una Whipper, Karting Zapucay y TC 850. El “Forastero” fue el inspirador de muchos jóvenes de la época quienes se iniciaron después en el mundo de los fierros.
Las horas dedicadas a su taller fueron largas e infinitas, tan honesto como detallista enseñó el oficio sin mezquindades a quien pasase por el galpón.
“En mi taller hay solo tres cosas que hay que respetar, no se ingresa en cuero, no se toma mate y se habla lo justo y necesario”. Seguramente estas máximas fueron el secreto para convertir un trabajo en obra de arte.

El flaco generoso de la cortadita 25 de Mayo dividía sus amoríos futbolísticos entre Newells Old Boys y “El Panza” de nuestra ciudad, lugar donde se lo vio hasta horas antes de partir jugando un chinchón bien marcado en la misma mesa de siempre rodeado de los amigos de toda la vida.

Parte de su vida, el “Forastero” los trabajó apasionadamente sobre antiguos autos, Vespas, Siambrettas, restaurando y reviviéndolos.

Los mismos vehículos antiguos, que tras iniciativa de Fabián Ascierto, amigo del Fora, acompañaron la despedida emocionante del último adiós del entrañable Elzo.

Si prestamos atención, cada tanto se lo suele ver al Forastero, casi siempre de tardecita, pegándose una vueltita al perro por las calles de Arroyo Seco.
Es fácil verlo, si arrimas las pestañas un poquito lo vas a ver reluciente en el reflejo de la chapa de algún viejo auto pulido a mano.

*En el mes de su natalicio

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